domingo, 26 de octubre de 2014

Historias


Cuando mi amigo el rojon me pidió que escribiera un artículo para la revista me surgió el dilema de siempre ¿Qué les puede interesar a unos pescadores que llevan toda la vida a pie de río?

Todos sabemos que interiormente cada cual piensa que son tantos momentos en la ribera que hay poca gente que nos pueda enseñar algo. Que los viejos han vivido tanto que ya no les caben las nuevas tecnologías, dan más prioridad a una buena pluma que a un fin de línea del 0.08. En fin que somos “el guru” tapado que nadie conoce y que, si quisiera, dejaba sin truchas los ríos por los que pasa.


Muchos sabéis que provengo de familia maragata, en las que se hacía El Filandón que es una tradición ancestral que, antes de que existiese la televisión ó la radio, convocaba a toda la familia y vecinos en torno a la cocina económica donde, en la parte superior, se paliaban el frío de las casas de los pueblos. En esos bancos y escaños se contaban cuentos maravillosos, crónicas de sucesos fantásticos y hechos singulares que a los más pequeños nos hacían abrir los ojos como platos y creo que fue allí donde se me inculcó la pasión por escuchar.

A lo largo de los años mi destino fue conocer a personas que entonces eran bichos raros por la afición que tenían y que desgraciadamente hoy han desaparecido. Los había conversadores abiertos y huraños recalcitrantes que preferían clavarse la mosca en el puño cerrado a enseñártela. Todos ellos  compartían una cosa en común todos llevaban las mismas moscas aunque ellos no lo sabían. Hubo que hablar poco y escuchar mucho para que se abrieran y expresasen sus conocimientos sin temor a que los fueras divulgando a sus convecinos de ribera.


En los 50 y 60 la variedad en asuntos de pesca no era muy extensa que digamos. Las cañas, sin contar con las de bambú muy elitistas por el precio, eran de lamiglas ó conolon, venían de países vecinos con cuentagotas. Las tiendas de pesca eran escasas y estaban muy poco surtidas. Las marcas de moda, eran las  Horrocks-Ibbotson, Wright and McGill, Shakespeare, South Bend ó Mitchel. En los carretes, pesados y aparatosos automáticos ó simplísimos contenedores de líneas, los más afamados eran los Pflueger, Martin, Hardy, Farlow ó Mitchel.  Tampoco se podía encontrar una variedad notable en las moscas que se usan en nuestra actividad. Teníamos las wet or dry fly inglesas que eran unos “pínfanos” que me río yo de las de “pon-pon” de hoy.


Por aquí bebíamos de las influencias de los clanes de Madrid y Bilbao que se nutrían de los franceses con sus “Gallicas” y sus “Limousin” más finas y menos pesadas que las inglesas. Ademas de las  “Ondins” de Guy Plas haciendo esbeltas composiciones de las que tomamos formas y siluetas poniendo nuestros cuerpos de ahogadas y obteniendo así nuestras primeras secas.


Estos neófitos artesanos vieron los primeros montajes a manos de los pescadores belgas, alemanes y franceses que durante su periodo vacacional disfrutaban de nuestras riberas con un productivo intercambio de kilos de truchas por días de estancia en pequeños hostales y pensiones. Estos privilegiados traían las plumas alargadas y finas que eran necesarias para esa forma de montar así como los tornos con sujeción y demás herramientas de montaje que ni se conocían por aquí.


Nuestros paisanos se defendían muy bien en los primeros meses del año con sus aparejos pero cuando los ríos bajaban el caudal y los ranúnculos y ovas invadían las aguas era muy difícil dominar tantas moscas sin trabar ó enredar. Por el contrario estos “latigantes” ponían su mosca en el sitio propicio y obtenían fantásticos resultados. Así fue como empezaron a montar esas primeras moscas en base de acierto y error, mejorando incluso a las foráneas debido a la diversidad de colores de las sedas autóctonas en vez de las plumas y pelos con los que montaban nuestros visitantes.

Entre los intercambios mutuos de información y materiales nos proporcionaron una marca que a algunos nos ha cambiado nuestro modo de ser, pensar, actuar y que según algunas mujeres incluso pone en duda nuestro sexo ya que según ellas solo sabemos hablar de hilos, madejas, bobinas etc. Esa marca es Gütermann.


No se puede decir que la calidad, que es innegable, fue lo que determino el auge de las bobinas Gütermann, más bien su extensa carta de colores. La dificultad para distinguir: “verde” de verde esmeralda, paja, oliva, caqui, aguamarina, azulado, ingles, flúor, hoja, jade, limón, malaquita, musgo etc. Fue la que puso de moda el 273, 431, 286, 580, 616, 900 etc. Y así sucesivamente en rojos, amarillos, naranjas, carnes, marrones y un extenso etc. Aunque estas sedas solo fueron validas en los comienzos de nuestros montadores ya que la poca cantidad de seda, 30 metros, y su elevado coste, una peseta con setenta y cinco céntimos, eran inconvenientes de peso para que su montaje fuese rentable. Así fue como la empresa Lombard, muchos más metros y casi el mismo precio, irrumpió en el mercado de los montadores profesionales dejando las bobinas Gütermann para aquellos que se autoabastecían ó que su número de montajes no era muy abultado.


Tanto unos como los otros llevaban en sus cajas cientos de moscas que eran un vademécum para cualquier situación, rio, ambiente ó temporada. Relatarlas nos llevará unos minutos, que te dejasen verlas me ha llevado una vida. Ahora sabemos familia, género, especie, subespecie etc. Antes solo su color, su tamaño y su época.

Este estudio empezó por conocer los diferentes números de las sedas, rayones, sedalinas y sedones, con los que montaban nuestros primeros maestros, comparar los de unos con los de los otros y comprobar, que con pequeñas variaciones de colorido, que todos coinciden en las mismas moscas y los mismos patrones.


Igualmente casi todos les ponían las mismas “brencas” ó “brincas”. Solo los que montaban pequeñas cantidades cuidaban el detalle de poner la cabeza de distinto color que la brinca intentando igualar esta parte del insecto. Lo más común era poner la cabeza y la brenca del mismo color para ahorrar tiempo.


Otra diferencia interesante de las moscas de unos y otros eran las plumas. Estas eran muy difíciles de conseguir debido primero a que había muy poca gente que se dedicara a la cría de gallos ó a la venta de plumas, solo un cartero y un cura hicieron por este oficio tanto como algún Tomas, Quino ó Chema hoy en día. Entre los dos tipos de pluma, ahogada y seca, este último era el más escaso. También se unía la reticencia de los paisanos a quitar esos apéndices a los gallos porque se “picaban” entre sí al creer que el desplumado era más débil. 

Y sobre todo que nuestras mejores plumas solo era posible conseguirlas en los siete pueblos mágicos: Aviados, Campohermoso, La Cándana, La Mata de Bérbula, La Vecilla, Sopeña y Valdepiélago. Algunos amplían a diez con Pardesivil, La Mata del Curueño y Santa Colomba del Curueño, pero ninguno montador. 



Para poder distinguirlos nos basaremos en el plumón que es la parte que está debajo de las barbas y encima del cálamo, estas tienen cuatro colores básicos: El blanco para el color indio palometa, el negro para el indio negrisco, el gris claro para todos los “indios” restantes y el gris oscuro para todos los pardos. Dentro del mundo de las plumas para seca podemos distinguir I. Palometa, I. Cristal, I. Humo, I. Acerado, I. Plateado, I. Plomo, I. Sarnoso, I. Avellanado, I. Rubión, P. Flor de Escoba, P. Crudo, P. Encendido y P. Sarrioso.


Nuestros primeros artesanos contaban con buenas plumas y buenas sedas pero no así anzuelos, tornos ó herramientas cosas que suplían con mucho ingenio e imaginación. Los primeros Mustad & Sön 39855 hollow point noruegos fueron los más afamados de esta época muy fáciles de “abrir” tenias que tener un cuidado especial clavando ya que el nylon que se empleaba por entonces nada tiene que ver con los actuales. En las tiendas del ramo no se 
podía conseguir nada por debajo del 0,20 que fuese capaz de sostener a un pez.

De esas maravillas distinguiremos las más comunes, que no deberían faltar en ninguna caja de aquellos que nos apasiona esta afición y sobre todo de aquellos que pensamos que “mojar” una ninfa está bien para los que no tienen escrúpulos, que pondrían cualquier cosa al final de su línea para capturar un pez, pero para los demás solo las moscas que navegan en superficie merecen ser catalogadas y referenciadas.   He aquí las plumas y  los colores de los hilos de elegidas  entre nuestros maestros montadores.

EFEMERAS

Tabaco     P. Aconchado con   LP3260, G448, G450 y M 258
Pardón      P. Crudo  LP3324,  G139, G170 y M262
Aceituna    I. Plomo  G286, G900 y M266
Paja viejo  I. Acerado G977, G249 y M264
Rosína       I. Avellanado  LP3202, G660 y M202
Verdin       I. Acerado   LP3104 y G661
Carne        I. Cristal   LP 3253, G165, G210, G600 y M234
Garbanzo   I. Avellanado LP3255, LP3256, G260, G415 y M253
Salmon     P. Flor de Escoba  LP3234 y M237
Salmonin   P. Flor de Escoba  LP 3232, M234, G1115 y G586
Amarilla  I. Acerado  LP3283, G106 y M225
Fanta      I. Acerado   LP 3277, G979 y M277
Limonin   I. Cristal LP3281, G325 y M223
Caenis     I. Cristal LP 3205, G658 y M202
Naranja I. Acerado + rubion LP3279, G350, G362 y M279
Butano  I. Acerado + rubion  LP3280, G351 y M280



 TRICOPTEROS

Al principio estas moscas estaban hechas de una manera que mezclaba la forma de la mosca tradicional leonesa añadiendo la pluma de  la  mosca seca. Más tarde se juntó  la pluma del tejadillo como lo podemos ver hoy. Los cuerpos variaban desde la tradicional seda hasta las plumas de grandes pájaros que dan una flotabilidad superior a los hilos. He aquí los diferentes montajes que podíamos ver en los años 60 y 70.  

SARNOSA       C: Marrón oscuro T: I. sarnoso  Pl: I. sarnoso
PATOSA          C: Gris oscuro   T: I acerado   Pl: I. rubión
NEGRITA         C: Negro    T: I Negrisco    Pl: I Negrisco
SALTICA          C: Oliva amarillento T: P aconchado Pl: I avellanado             
LANGARETA  C: cigüeña negra    T: P langareto     Pl: P langareto  
PITILLO            C: Pavo real desbarbado T: I acerado  Pl: I acerado
HORMIGUINA  C: Cigüeña negra   A: I palometa    Pl: I acerado
PAJARIN          C: Oliva claro  T: P flor de escoba Pl: P flor de escoba         
MATADORA    C: Marrón oscuro  T: P sarrioso    Pl: I avellanado
AMARILLIN      C: Cóndor con pícrico T: P flor escoba Pl: I avellanado

Con estas moscas en vuestro poder y siguiendo las indicaciones de sus épocas, tamaños, formas y maneras de navegar se puede pescar en todos los ríos de mi León.  


 Este articulo fue publicado en la revista El Maravayu en Agosto de 2013

Jose Ramón Jarrín

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